martes, 21 de agosto de 2012

Cualquier tiempo pasado fue mejor. Episodio 1: El Tren

Hace casi ocho meses que no escribo nada en este blog y ahora, a la vuelta de mis tarraconenses vacaciones, me he decidido actualizar por varias anécdotas que en estos días he, más que vivido, sufrido.

Aderezado el momento con buena música de Banda Sonora ("My name is Lincoln" de la Isla (Steven Jablonsky), "El Bosque" o, como no, Hans Zimmer con Piratas del Caribe, Gladiator, La Roca, etc, etc) comienzo mi discurso. Ah, se me olvidaba, este artículo estará dividido en dos episodios, capítulos o como lo queráis llamar. El primero trata del tren en el que he viajado, el segundo de mi día en Port Aventura.

El año pasado, cuando fui a comprar el billete de tren en la estación de Zamora, me comentaron que algunos detalles de la ruta habían cambiado. Por ejemplo, aquel talgo destartalado que una chapa entre vagones aseguraba datar en 1963 había desaparecido dando paso a la "modernidad" con un tren MD o Media Distancia que cubría la ruta Salamanca-Zaragoza (¿¡Más de 500 km es Media Distancia!?). Al llegar a Zaragoza uno se tenía que bajar y coger, obligatoriamente, un AVE hasta el Camp de Tarragona, a 20 km de la ciudad de Tarragona  (olvidémonos ya de la Estación de Tarragona, la de la ciudad). Por cierto ese MD no tenía vagón cafetería ni películas. En fin.

Este año ha habido otro cambio. Pareciendo no encontrar sentido a poner un tren de MD para una ruta que atraviesa el Estado, ahora el MD solo cubre la ruta Salamanca-Valladolid (lo cual es más lógico para un tren de su categoría, más hecho a rutas autonómicas que estatales). Pero esta es la parte buena. Ahora viene la auténtica definición de modernidad. En Valladolid hay que coger un Avant (lo que viene siendo un AVE que va 100 km/h más lento que el AVE de verdad) que al ir por vía convencional va a velocidad convencional, es decir, 150 km/h, y que luego en Zaragoza hace un cambio de vías para introducirse en la Red de Alta Velocidad hacia Tarragona y Barcelona e ir a 250, en vez de a 350 como puede ir el más rápido. Hasta aquí difícil de entender. Voy más allá. El Avant, tren moderno, rápido, limpio, veloz (cuál zapato que canta "Tengo un tractor amarillo") sigue la tradición de su hermano menor MD y no tiene películas ni vagón cafetería. No, no tiene. Un tren que durante 8 horas está recorriendo tres cuartos de la geografía española, no tiene vagón cafetería, donde avituallarse, ni un par de películas para amenizar el viaje y paliar el tedio. Ahora, eso sí, el precio del billete aumenta por momentos. Aún recuerdo que en los primeros años del euro hacía un ida/vuelta con cafetería y pelis por 40, mientras que ahora sufro al dar mis 95 euros por moverme sin ningún servicio adicional más que un WC "bonito". Que por cierto estoy empezando a sospechar que en los próximos trenes empezarán a dejar de poner WC, no sea que el valor del "gusano" sea tan caro que un ciudadano no pueda comprar un billete.

miércoles, 18 de enero de 2012

"La Guerra del Alma" Epílogo


Los dos chicos entraron en la cafetería. Tenía decoración náutica, varios barcos enmarcados en las paredes. Se acercaron a la barra y el camarero enseguida les atendió:
- Buenas, chicos, ¿qué queréis? -
- Yo tomaré un café con leche -dijo ella
- Para mí otro y con un vaso con hielos -dijo él

Mientras el camarero preparaba los cafés, los chicos se sentaron en una mesa.
- Aún me resulta imposible cree que todo haya sido fruto de mi imaginación. ¿Cuánto ha sido en realidad?, ¿3 segundos? He vivido casi siete meses en 3 segundos. No entiendo nada.
- Es difícil de entender y de explicar. Todo se puede resumir en que tu primer impulso fue echar a correr, pero después la voluntad, el deseo de tu alma era quedarte, volver atrás y recuperar la situación. La primera reacción fu el impulso, ahí está el principio de tu particular batalla. Con esa acción empezó todo. Pero tú querías quedarte, tu lo deseabas. Ahí entró en juego el sueño. Míralo por este lado, has alargado siete meses tu vida. ¿Crees que ha merecido la pena?
-Nunca he estado más seguro

-Aquí tenéis chicos -les interrumpió el camarero- Un café con leche por aquí y otro con hielo por aquí. Disfrutadlo
- Gracias -respondieron los dos.

- Los sueños son lo más extraño y a la vez, quizá por ser extraños, algo maravilloso. Tu mente juega a crear mundos, universos propios que son solo tuyos y de los que tú quieres que estén. Esos mundos cambian a tu antojo, sí, bueno, estás dormido y no eres consciente, pero también puedes soñar despierto, a fin de cuentas es lo que acabas de hacer hace un rato. La imaginación puede llevarte a donde tú quieras ir y con quien tú quieras ir y, a veces, se producen discordancias e incongruencias que no eres capaz de entender, pero ahí están, y solo ahí se producen. Hace poco soñé, y no solo una sino dos veces, que un perro me hablaba en mi habitación. Al final terminaba saltando por la ventana. ¿Lo ves normal?, ¿Lo ves real? No, pero ahí se produjo. Y un día sueñas que un perro te habla y otro día sueñas que te encuentras entre montañas, bailando a la melodía de los violines, bajo la luna y junto a un lago.

- La verdad es que imaginación tengo mucha -continuó el chico- quizá por ello he hecho lo que he hecho. Pero nunca he vivido tanto tiempo en un solo sueño, y menos de 2 o 3 segundos. Pero bueno esto es lo que ha pasado y así ha pasado, y me alegro de que haya sido así.

La chica le sonrío con esa sonrisa que hace soñar al más pobre de espíritu. Le miró con esa mirada que hechiza al frío de corazón. Le abrazó con los brazos que llenan de paz al hombre más atormentado. Le besó con los labios que te atrapan en los dulces recuerdos.



FIN

martes, 10 de enero de 2012

"La Guerra del Alma" Capítulo 9: Suéñame (Segunda Parte)


El sol se estaba poniendo. Las teas del castillo comenzaban a imponer su pírica luz sobre la del astro rey y mientras el chico se escondía entre los arbustos la tarde vespertina daba paso a la noche estrellada de luna creciente. Contemplaba la escena: Un castillo, no excesivamente grande pero con torre del homenaje, puerta con puente levadizo que cruza un foso vacío. En las almenas matacanes sin desmontar hacían ver y pensar que no hace mucho se había librado alguna clase de ofensiva con su correspondiente defensa.

Todo parecía en calma, no había soldados vigilando ni secuaces deambulando por los alrededores ni por las murallas. El chico avanzó hacia un árbol que, fuera del alcance de la luz de las teas, y cobijado en la oscuridad de la noche, le servía de perfecto escondite. Desde allí podía ver un hueco en la muralla, justo debajo del puente, en el foso. Ahora sí vio a un soldado en la entrada del castillo mirando hacia los campos de trigo. Se quedó un rato sobre el puente y luego se dio la vuelta. Se le oyó gritar: "Nada fuera, podéis levantar el puente, esto se da por cerrado". Instantaneamente el puente cerró la entrada principal.

Una vez cerrado el chico salió de su escondite y bajó al foso. El hueco era pequeño pero moviendo la vaina de la espada pudo colarse sin problema dando paso a un pequeño túnel. En el techo un orificio y al fondo una puerta entreabierta. El chico se dirigió a la puerta. No se oía nada, solo una antorcha iluminaba la estancia. Parecía ser un almacén. Desde el umbral miró. Nadie. Unas pequeñas escaleras subían hacia otra puerta. "Esta dará al piso superior, al nivel bajo", pensó. Hacia esa puerta se dirigía cuando se empezó a abrir. Se escondió debajo de la escalera mientras dos pies bajaban por ella, sobre su cabeza. Ya se iba a lanzar espada en mano cuando al girar vio a una mujer del servicio del castillo. Se quedó helada al ver al chico, podía ser un ladrón o algo peor. Un par de segundos después ella habló.
- ¿Que... que hace usted aquí? -El chico mirando hacia la puerta le tapó la boca, lo cual alteró a la mujer todavía más.
- Shh no alce la voz, vengo a salvar a alguien.
- ¿No es usted un ladrón? -dejó entender la mujer.
- No, no lo soy, solo alguien que quiere rescatar a una dama. -Le quitó la mano de la boca.
- Ay, pues me deja usted más tranquila. No se preocupe que no diré nada, a ver si por obra de Dios, este tirano recibe ya su merecido. Así que está usted dispuesto a rescatarla. Le ayudaré, se donde está. Por cierto me llamo Isabela, soy la jefa del servicio, aunque como podrá haber entendido no trabajo por fidelidad al amo, solo por sacar dinero para mi familia. Él es un dictador. Mató a su padre y luego a su hermano para hacerse con el título del señorío y por lo visto viaja a León  muy a menudo para posicionarse en más altos cargos, cerca del Rey. La sangre de muchas almas corren por las paredes de este castillo, y quieren lógica y sincera venganza. Aunque no desee la muerte de nadie, ojalá se lo encuentre y le atraviese con su espada, dele lo que se merece. Sígame, conozco este castillo como la palma de mi mano.

El chico la siguió. Subieron las escaleras, daban a la cocina. De allí torcieron por un pasillo hacia otras escaleras, pero alguien bajaba. La mujer le dijo que se escondiera detrás de un tapiz que tapaba un falso vano. Cuando pasó el peligro le dio un toque de aviso para que siguieran. Subieron los dos pisos que faltaban hasta un repartidor en el que había tres puertas.
- Hasta aquí puedo conducirle. La puerta es la de la derecha, está cerrada con llave. La del centro es la de don Diego. Si pasara algo no podré ayudarle, me juego el puesto y quizá también la vida, pero todo sea por salvar a esa pobre chica. Hasta siempre, Dios le salve.

No sabía como entrar, solo sabía que tenía que estar en completo silencio si no quería llamar la atención. Se quedó detrás de una esquina comtemplando el reducido escenario. Las tres puertas estaban cerradas, casi herméticas, no había rastro de luz. Sin embargo una ligera corriente gélida salía de alguna parte. El chico salió del escondite y llegó de nuevo al repartidor. El aire venía de alguna parte de allí. Miró las puertas, las paredes, el techo... Se fijó que a la derecha de la puerta de la chica había algo grabado en la piedra. Tres símbolos: Un árbol, una montaña y un sol. "Pero ¿que...? Son los símbolos que don León de Castro marcó en la pared del túnel para... para abrirlo y encontrar el libro" Inmediatamente se puso a buscar algo, un objeto, una falsa piedra, una ranura que abriera la pared o la puerta. El frío aire se movía con más fuerza. Junto a la montaña encontró un pequeño hueco en el que encajar los dedos. Cuando los hundió en la yaga y la mano tocó el sol, el árbol se giró y una puerta de piedra se abrió. El ruido que hizo fue más alto del deseado.

Una silla se oyó mover tras la puerta central. El chico comprendió que don Diego se había alertado así que se metió en la recámara y cerró la puerta de piedra.
- ¿Que ha sido eso? -Le dijo don Diego a alguien en pasillo.- Sonaba como si se hubiera caído una muralla.

Seguidamente una llave entró en una cerradura y se abrió otra puerta.
- ¿No habrás sido tú la que armado ese escandalo, verdad?
- No he sido yo, no ha sido nadie, solo ha sido quien tú no quieres que sea.

Por fin la oía. Le estaba despistando, "pero, ¿acaso él no sabe de la existencia de esa puerta?", pensó. Se oyó un portazo, y otro más en el repartidor. Don Diego se había ido. A dos escasos metros una línea rectangular de luz hacia adivinar la puerta del otro lado. Las voces habían venido de ahí lo que le hizo sospechar que daba a la habitación de la chica. Un simple empujón bastó para abrirla. Esta vez más silenciosa la puerta se abrió y el chico entró en la habitación. Delante de él estaba ella, delante estaban sus ojos, tan hermosos como la primera y única vez que los vio. Ella le miró fijamente y sonrió. Él empezó a articular la boca.
- Soy...
- Se quien eres -le cortó ella- Se por que estás aquí, y sé que me conoces. Por fin has venido, llegué a pensar que no lo conseguirías pero al fin me has soñado. Te dije que en sueños nos volveríamos a ver y así ha sido. Se que éste es tu sueño y que aunque seas del siglo XXI ahora estás en el año de nuestro Señor 1211 y en tus manos está cambiar el curso de mi vida. Si lo consigues nunca tendré que aparecerme dentro de trecientos años ante León de Castro, nunca tendré que mandarle ese libro que has leído a través del Valderaduey para que lo reciba al llegar a Zamora pero a cambio tendrás lo que buscas, mi amor. Terminaremos esta conversación más tarde, cuando estemos a salvo, vámonos de aquí.

Pero antes de darse media vuelta un grito agudo se coló por la ventan. Se asomaron con cuidado y en la oscuridad de la noche, con las teas encendidas, yacía el cuerpo sin vida de Isabela rodeada de un charco de sangre. A su lado el general de la guardia gritaba.
- Esta mujer ha ayudado a entrar a un extraño al castillo. Acaba de recibir su lección. Que sirva para todos también.

Ipso facto apareció don Diego y habló con el soldado.
- Rastread el castillo y los alrededores, yo iré al pueblo y haré cantar a quien le haya visto. Si está aquí que no salga con vida.
- Si señor. ¡Bajad el puente de entrada!.

Don Diego se marchó galopando su caballo. Poco después el general miró hacia las ventanas del castillo y los vio.
- Allí, allí están.
- Creo que es hora de salir de aquí dijo el chico.

Se agarraron de la mano y salieron por la puerta de piedra. Se oían soldados por las escaleras que subían pero al llegar arriba una patada los devolvió a la planta baja. El chico desenvainó la espada. Pasaron por encima de los soldados caídos y siguieron corriendo. El patio de armas estaba lleno de guardias por lo que el chico decidió salir por donde entró. Llegaron a la cocina y sus esperanzas de desvanecieron el momento. El general de la guardia estaba allí, esperándoles. Ella se quedó detrás.
- Has cometido un grave error viniendo a por ella.

Al momento las espadas se empezaron a cruzar. Las chispas saltaban por el impacto de los aceros. El guardia parecía dominar la situación retrocediendo con inteligencia hacia una mejor jugada para avanzar con otra estocada cada vez más fuerte. Una de las chispas cayó sobre un paño provocando que este prendiera. Ellos seguían luchando. Ella intentaba sofocar las llamas pero la cercanía de las espadas no le dejaba operar bien y el fuego se extendió hacia otras telas y hacia las cortinas. Lo único que pudo hacer fue coger un caldero y tirárselo al guardia a la cabeza. Esto le obligó a subirse a la encimera aprovechando el puesto elevado para dar patadas al chico. Las esquivaba como podía y jugaba con la espada una y otra vez hasta que una olla vacía impactó sobre la coraza del guardia y el chico aprovechó para cortarle las piernas. Rápidamente la chica le empujó hacia las cortinas y este desapareció en las llamas que ya desolaban toda la cocina.
- Vamos, rápido, por aquí.

El chico le mostró la puerta que descendía al almacén. Bajaron las escaleras y llegaron corriendo hasta el hueco del foso. Ya estaban fuera. Un caballo se encontraba atado al árbol en el que un rato antes había estado cobijado el chico. Montaron y galoparon hacia una arboleda cercana al pueblo. Desde allí veían el castillo en llamas. Probablemente don Diego estaría de vuelta ya, contemplando su desolación. Todo el pueblo veía en la noche el fuego consumiendo el núcleo de poder del señorío y festejaban con alegría su caída. La tabernera comprendió que hiciera lo que hiciera, el chico había conseguido su objetivo.

Ya era 19 de Junio de 1211.

- ¿Cómo sabías que es mi sueño? -le preguntó el chico.
- Eres de una época diferente. Yo soy de muchas. Me aparezco a un editor, trescientos años más tarde, me aparezco a ti quinientos después, ¿no te es extraño? Esto es un sueño, ¿recuerdas la primera que nos vimos?, tu crees que echaste a correr, crees que hace siete meses que nos vimos, pero no es así. En realidad, nada de lo que has vivido en este tiempo ha ocurrido. Hoy es 19 de junio de 2011, no de 1211 y estamos junto a las naves de RENFE. Todo esto, todos estos meses, se han sucedido en apenas unos segundos, tiempo en el que te has quedado quieto, delante de mí, sin saber que hacer. Tu alma ha librado una guerra, una guerra que has ganado. En vez de echar a correr, como crees, tu fuerza interior te ha mantenido delante de mí.

Cuando se quiso dar cuenta, el chico estaba en la calle, en Valladolid,  en la misma posición que tenía antes de, según él, echar a correr. Ante él, ella hablándole.
- Has vencido. Vamos a tomar un café, conozco una cafetería justo antes de llegar al túnel de las Delicias.




viernes, 23 de diciembre de 2011

Chimeneas

Como otro día cualquiera, subo por la calle hacia la zona de las bodegas, pero la diferencia es: No es otro día cualquiera. Al menos no lo son estos días en que huele a lumbre, a leña quemada. Los días fríos del año embriagan la esencia del pueblo con ese olor a madera, a fuego, a pueblo. El humo saliendo por las chimeneas relata historias que cuentan los abuelos dentro de las casas, al calor del fuego, del brasero, en la cocina, en el salón, donde sea. Cada chimenea es un altavoz de cuentos, cada lumbre es una historia del pasado, cada fuego es un "Toma todos tus recuerdos, soy esa esencia que te hipnotizó, ese olor que apareció en tu vida hace 23 años y que identificas con tu lugar. Cada vez que me sientes, se reproducen en tu mente todas esas imágenes que viviste de pequeño, con la felicidad y la inocencia, y se aparecen lugares mágicos que nunca has visto también."

viernes, 9 de diciembre de 2011

"La Guerra del Alma" Capítulo 8: Suéñame (Primera Parte)

El chico durmió hasta la hora de comer. Se despertó embotijado, con sensación de trastorno de horario, pero feliz a fin de cuentas. Tras la comida se sentó en la cama, su habitación, con su tesoro en las manos y se dispuso a abrirlo y leerlo. "Te revelaré mis sueños y mis pesadillas..." así empezaba. Las páginas se iban sucediendo sin enigmas, sin acertijos. Pero a cambio, mucha magia, deseos, sueños, hechizos, amor... y una canción. En la misma página en la que se encontraba el cuadro mágico del ejemplar imprimido, había una canción en el original:


Sueños de campos, verdes colinas
llenan mi alma de fantasías
cantan gorriones, ven las espigas
crece la siembra, tierra escondida

vuelve a brotar trigo dorado
haz que mi mente vuele a tu lado
vuelve a nacer trigo sembrado
llena los campos de oro salvado

Sueña mi vida, ya estás en casa
la melodía de esta nana
duerme y verás tierras lejanas
grandes llanuras, mar y montañas

ya no habrá mal que te acicale
no sufrirás por este cobarde
vendrá el amor para salvarte
vendrá tu caballero andante

Los rasgos femeninos de la letra eran increíblemente esbeltos. Sería suya la letra o sería popular de la época, se preguntó el chico.

La tarea le iba a llevar toda la tarde por lo que decidió conectar la minicadena y escuchar música de fondo a la vez que comparaba los dos libros. Empezó a sonar una cajita de música acompasada con una voz masculina cantando en finlandés.

Pasadas unas horas y con unas gaitas de fondo junto a violines y guitarras el chico llegó al último capítulo. El texto parecía incompleto antes de llegar a la carta final. Le incitaba a continuar él mismo la historia pero como no fuera con la imaginación poco podía hacer.

La suave melodía de una pieza con tintes árabes y ritmos étnicos junto al cansancio acumulado de la tarea estaban llevando al chico a un estado onírico. La música continuaba pero cerró el libro, lo rodeó con sus brazos y se quedó dormido. Sin darse cuenta las páginas empezaron a desprender calor, un calor apacible, un calor que entre latido y latido, le llevó a un lugar...


...grandes llanuras, muy al fondo montañas, el día claro y soleado no amenazaba al chico que se encontraba paseando por un camino. No lejos un pueblo y un poco más allá un castillo vestía estandartes y escudos en lo alto de su torre del homenaje. Se dirigió al pueblo. Vestía ropajes para él extraños, pero se sentía cómodo. Llevaba una cota de mallas, botas de piel de carnero castellano y llevaba envainada una espada.

La gente del pueblo le miraba con respeto, al parecer era alguien destacado. Luego, hablando con un lugareño se dio cuenta que no, era un forastero al que todos miraban por desconocimiento. Entró en la taberna donde unos cuantos hombres conversaban en las mesas centrales de madera. Se acercó a la barra y la guapa tabernera no tardó en acercarse.
- Este año la cosecha de trigo será buena. Pero que estaré diciendo, ¿qué quieres, forastero?
- Saber donde estoy y cuando.
- ¿Quieres que lo cante acaso? Los borrachos y los imbéciles fuera de la taberna
- No, por favor, es cierto, no se en que época estoy ni donde estoy.
- Está bien. -dijo la tabernera siguiéndole el juego- te encuentras en el centro de la meseta, al norte de los páramos, al sur de las montañas, en las vegas del Valderaduey. ¿En qué época? Mira tú mismo ese anuncio.
El chico se fijó en un pergamino colgado en el que rezaba: "Por orden de don Diego Sancho de Lobos, esta taberna será registrada cada semana. A junio de 1211"
- Hoy es 18 para ser exactos
- ¿Y quién es ese Diego Sancho de Lobos?
La tabernera miró hacia ambos lados, se acercó al chico y bajó la voz.
- Es el ser más malvado que ha habitado esta comarca. Es el señor de las tierras, todo lo que ves alrededor de este pueblo, le pertenece. Vive en el castillo, lo habrás visto, al llegar al pueblo. Por el camino sur a unos 10 minutos andando. Dicen que tiene a una chica apresada con la que piensa casar y tener la descendencia que siga  su linaje, pero nadie la ha visto aunque se comenta que tiene familia en el pueblo. Nadie ha dicho nada.

El chico empezó a encajar todo. El año, el lugar, una chica... ahora sí. Esta era su oportunidad. Se encontraba más cerca que nunca de su objetivo. "... pronto volveremos a encontrarnos, aquí, en tus sueños, o en los míos" Ya está, aquí empieza el sueño, se dijo.

- La chica es de fuera -dijo automáticamente el chico
- ¿Cómo lo sabes?, ¿vienes preguntando como si hubieras olvidado todo y de pronto sabes quién es ella?
- Sí, creo que ya se por que estoy aquí. Muchas gracias por todo. -salió corriendo de la taberna.
- Espera, no me dejes así, cuéntamelo por favor. -pero ya no le oía.

Miró al sur y con paso firme y fe en el acero enfiló su corazón y sus pensamientos hacia el castillo de Diego Sancho de Lobos.






jueves, 8 de diciembre de 2011

Niebla

Misteriosa bruma desciendes de los cielos para emborronar nuestra vista con gélido aroma a invierno. Romance de Navidad, blanca atmósfera sin lluvia, sin nieve. ¿Qué hay detrás de tí?, ¿Que escondes más allá? El llanto de un niño perdido ahoga las lágrimas congeladas de los ángeles que con el batir de sus alas, vuelan hasta alcanzarle en un intento por abrir el cielo y dejar que entre el sol. Pero eres fuerte y resistes los ataques. A veces te veo un poco bipolar, eres capaz de llenar de magia un aburrido momento y a la vez provocar el impacto de dos aviones en un aeropuerto. De tí hablan en los libros más antiguos y caracterizas costas de tierras lejanas, más allá de donde me alcanza la vista cuando tú no estás. Esta vez has tardado más en venir, pero ya estás aquí, puntual para el invierno en la llanura, en la Meseta. En tí se reflejan las luces de las ciudades y pueblos que se encuentran cobijados bajo tu manto y a través de tí aparecieron miles de piedras que expulsaron al invasor hace mil trescientos años. Te dedico estas palabras, sueño invernal

domingo, 30 de octubre de 2011

"La Guerra del Alma" Capítulo 7: A las puertas de la Verdad

En la radio del coche sonaba un bonito tema cuyo verso final había cautivado al chico desde que la escuchó por primera vez. "Cuentan que, las noches de invierno se ve nacer una flor donde no llega el sol, por amor...". Eran las 21:30 cuando terminaba la canción y el coche entraba en la Bien Cercada. Condujo a lo largo de la Avenida Requejo hasta el parque de la Marina. Bajó por la Avenida Portugal hasta llegar al paseo del río Duero el cual siguió adelante hasta Olivares donde aparcó. Dejó su equipo en el coche y entró en un bar para cenar algo. La noche prometía tensa a la par que entretenida y antojadiza. Siempre habñía soñado con hacer una misión, infiltrarse en algún lugar al estilo peliculero para encontrar un tesoro o algo parecido.

Volvió al coche, se cambió de ropa y metió en la mochila una linterna, el ejemplar del libro, pilas, un cincel y un pequeño cepillo. La noche invernal le ayudaba a esconderse mientras subía a la muralla. Frío, niebla y calles vacías le hacían pasar desapercibido ante el bosque de piedras y edificios románicos que celebraban la Navidad.
Se encontraba ante la Rúa. Buscó el número 22. Cuando llegó se encontró un edificio moderno, de reciente construcción y muy alejado del castillo.
- No puede ser, esto está muy lejos. Creo que me he equivocado con el número, no es 22, debe ser otro, un múltiplo quizá.
Se sentó en un banco a analizar la tabla. La miró de todas las formas posibles y solo veía el 22 resultante.
-22, 22 y 22. Solo hay 22, 4 filas que dan 22 y 4 columnas que dan 22... -y entonces llegó la inspiración- un momento. Si sumamos los ocho 22 que hay da 176. Pero no hay ningún portal con el número 176 en la Rúa. Tal vez no sea el número del portal sino la distancia... ¡Claro! la distancia que hay desde el pasillo.
Retrocedió hasta la fortaleza y se paró en la puerta principal. Volvió a mirar la matriz y con decisión dio 176 pasos llegando a la primera casa de la Rúa. Allí una pequeña losa de granito cayó junto a sus pies desde la pared: "Aquí vivió Don León de Castro Garcés, segundo jefe de Imprenta de Zamora hasta su muerte en 1576".
-Así que lo guardó en su propia casa, claro, que mejor lugar para uno de sus libros preferidos.
A pesar de ser una casa reconocida no presentaba un buen estado, estaba abandonada y sin restaurar. La puerta estaba cerrada con un candado de gran tamaño y la ventan del bajo estaba cubierta con unos listones de madera. El chico bordeó el edificio por unos de los lados y vio que había una tapia que separaba la calle de un posible corral o patio interior. Hizo ademán de su recuerdo como montañero años atrás y sin pensarlo escaló la pared de piedra. Al otro lado le esperaban montones de aperos de labranza, tejas, basura tirada por la gente y una puerta que daba acceso al interior de la vivienda. Esta tenía un cerrojo algo oxidado pero no era nada del otro mundo para una buena horquilla o tarjeta. El chico usó el carnet de la universidad para entrar, introduciéndola por la ranura de la puerta. A los segundos y después de un click, se encontraba dentro de la casa de Don León de Castro. Una antigua cocina con chimenea le daba la bienvenida a su particular isla del tesoro. Sen sentó en una vieja silla y abrió el libro para buscar más pistas. Sujetó la linterna con los dientes para tener las dos manos libres.
"Bajo el Caparazón de la Tortuga está la entrada al Gusano". Otro enigma pero este, y gracias a la ayuda que don Herminio le había prestado, no le resultó nada dificil. Sin duda el gusano era un túnel, uno de esos túneles que le contó el historiador que existían en Zamora. Bajo el Caparazón de la Tortuga no podía ser otra cosa que bajo la casa, ¿que es sino el caparazón para la tortuga?. El chico, contento, bajó unas escaleras carcomidas que daban al sotano. Allí alumbrando con su linterna admiró viejos trastos, botes de tinta seca, plumas... Una alfombra decoraba el suelo.
-No puede ser tan fácil.
La retiró y vio una trampilla. La abrió y una corriente de viento gélido se escapó del túnel. Allí estaba la entrada a las entrañas de la ciudad. Si hubiera tenido más tiempo, los exploraría uno a uno pero no lo tenía, debía salir de allí antes del amanecer.
Descendió por una escalera hasta el fondo donde empezaba el corredor horizontal. "el gusano se lo ComIó y aquí mIsmo lo dejó".
-¿Porqué esas tres letras están marcados? ...y aquí mismo lo dejó, ¿donde es aquí?, ¿en la entrada?, ¿en la casa?. No más de 20 minutos tardó en darse cuenta que "aquí mismo" se refería a la frase, el enigma marcaba la situación, CII, 102 pasos en el interior del túnel.
No sin dificultad, sorteando piedras sueltas, telarañas enormes y ratas traviesas hizo el camino señalado. La linterna le empezaba a fallar y tuvo que cambiar las pilas. Por fin llegó al punto señalado, 102 pasos. En la pared había una marca, una especie de rectángulo con varios dibujos, un árbol, una montaña y un sol, algo desfigurados por el paso del tiempo. Cogió el cincel y el cepillo y empezó a excavar. Al rato ya asomaba una tela que cubría algo consistente. Era rectangular, de gran tamaño. Lo descubrió, ahí lo tenía. el libro original. No podía creerlo, por fin tenía el libro cuya historia, o mejor dicho, cuya protagonista invadía su mente desde hacía poco más de medio año. No dudó en abrirlo y examinarlo. Pero el túnel no era sitio cómodo para pararse a leer por lo que emprendió el camino de vuelta a la casa de Don León. Al llegar a la trampilla oyó voces que venían del piso bajo. Había gente en la casa.
-Aquí no parece que haya entrado hoy nadie, esto está igual que siempre.
-Pero capitán, la puerta de atrás estaba abierta.
-Esto puede haber sido de cualquier otro día, ¿cuántos habrán entrado aquí antes?, ya te digo que hoy no ha entrado nadie, estoy  hasta las narices de esa señora, todas las noches llama por algo y nunca pasa nada.
El chico comprendió que alguien avisó a la policía. Le verían saltar la tapia desde alguna ventana vecina. Con cuidado cerró la trampilla y se adentró de nuevo en el túnel. Debía confiar en que habría otra salida.
Media hora después empezó a notar una suave corriente de aire frío. Subió una escalera y abrió la puertecita que comunicaba con el exterior. Al salir se dio cuenta que estaba en la otra orilla del Duero, en el huerto del convento de las Dueñas. Salió por una puerta trasera y se dirigió al Puente de Piedra. Lo cruzó y volvió a Olivares donde tenía el coche. Eran casi las 3:30, había despistado a la policía.
En el coche, descansando de su aventura abrió el libro para compararlo con su copia ejemplar. No había tablas ni acertijos, no había notas al pie de página, estaba escrito a mano, con una letra... con la misma letra de la carta.
-Es ella, ahora si que no hay duda. ¿Como consiguió llegar al siglo XXI?, ni idea, pero es ella. Que mujer tan misteriosa, es... única.
Por el este, el resplandor del alba empezaba a hacerse visible, tenía que volver a Valladolid. Esta vez, por culpa del cansancio, tardó algo más en llegar. A las 8 de la mañana entraba en su casa con su mochila, su linterna, su cincel, su cepillo y sus dos libros.